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  • Mariela Gomez

La vida es un reflejo de jardín

Te das cuenta o no, somos un jardín abundante en constante crecimiento. A través de cada nueva experiencia, aprendemos. Florecemos. Nuestro jardín simboliza nuestra vida.


A medida que crecemos, renunciamos a nuevas relaciones, aventuras e intereses, mientras que otros simultáneamente comienzan a desvanecerse. Del mismo modo, las flores nuevas florecen mientras que otras se extinguen. Las flores de nuestro jardín representan elementos de nuestra vida.


Algunos días lloramos. Somos la lluvia. Somos el agua y la vida de nuestras flores, de las que nos rodean. A menudo, atrapados en las lagrimas de nuestro dolor, no nos damos cuenta de cómo nuestro jardín en constante crecimiento necesitaba urgentemente nuestras lagrimas.


Otros días somos brillantes como la luz del día. Estamos alegres, vibrantes y radiantes. Entonces también, somos el alimento de nuestro jardín. Durante los días lluviosos y soleados, podemos mantener nuestros jardines.


A medida que pasa el tiempo, eliminamos las malas hierbas de nuestro jardín. Hacemos el trabajo tedioso y, a veces, difícil de arrancar las malas hierbas que están drenando nuestras hermosas flores. Eliminar es como reconocer nuestros problemas, traumas e inseguridades. Es duro, es doloroso, pero si no reconocemos nuestros dolores, nuestras malas hierbas, nos chuparán la vida lentamente, drenándonos día a día.


Cada tipo de flor, una rosa, una orquídea, una margarita, todas requieren cuidados especiales en diferentes momentos. Cada flor representa una experiencia, persona y lección diferente. En la vida, a veces diferentes aspectos o personas requieren más de nuestra atención y esfuerzo. La clave es no perder de vista el resto de nuestro jardín y seguir nutriéndolo lo mejor que podamos.


A través de todas las temporadas, debemos recordar que algunos días somos el sol y otros días somos la lluvia. Somos los jardineros de nuestras vidas.


Solo podemos cuidar de los que nos rodean si primero nos cuidamos a nosotros mismos. Debemos cosechar nuestro jardín.


Debemos aprender a abrazar nuestros limones amargos tanto como abrazamos nuestras naranjas dulces.


Cada jardín es hermoso, no importa que grande o pequeño sea. Todo jardín florecerá y todo jardín se extinguirá.


A medida que nuestros jardines pasan por las temporadas, siempre ayudemos en el jardín de otra persona.


La vida es preciosa, y más aún cuando nos ayudamos unos a otros.


Florece y ayuda a otros a hacer lo mismo.




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